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relatoscortos

ES UNA FORMA DE COMPARTIR, RELATOS Y OPINIONES

Nombre: carlos adolfo facal
Ubicación: tandil, buenos aires

lunes, febrero 06, 2006

FAUNA

Pétalos de plata y de vidrios gruesos,
tango de medias largas y vos baja
el sur pela con el viento, raspa en buenos aires la noche fría
se entibia con el taco aguja picoteando baldosas y miradas.

Tapados largos que guardan carne a flor de piel
el perfume peina de deseo y contamina,
taxis, putas, pibes y mendigos, maravilloso paisaje urbano,
y uno que nació con el virus de neón,
el roce y el mareo, el adoquín lustrado y el vapor de bar repleto.

La noche cierra las piernas, el sol policía descubre a todos desamparados
a la deriva y sin mas que la resignación, con sueño obligado
y una pila de cordones por cruzar.


Se pierden los desatendidos,
descorazonados y pequeños fracasados de la fauna en cemento
pero con la convicción de que el éxito
se encuentra en una de las próximas
noches de ronda.

SANGRE

Sangre que dice y oculta,
Sangre que es y será, si dios quiere,
Sangre de mi sangre y la tuya,
Sangre de vida y muerte,
Sangre de latino y musulmán,
Sangre negra y azul,
Sangre en la tierra como en el cielo,
Sangre que escucha,
Sangre de abajo, del sur, del fondo,
Sangre, de eso se trata,
Y no queda tanta.

EL JARDÍN DE LOS MUERTOS

Como todo patio de viejos, canteros, canteros, palitos para sostener cada planta en una inmensa variedad, con flor, sin flor, en maceta, en el suelo, casi setenta metros por treinta,
Elvirita en la cama desde hace un año y Martín caminando apenas ya con su bastón de caña y empuñadura de cuero curtido de años, la realidad es que los viejos estaban en las ultimas de su oculta vida.
Pocas veces pasábamos por el caserón de los tíos con Ivana, mi mujer. Vivíamos en capital, se hacía muy difícil visitarlos, la verdad es que cuando llegábamos a la ciudad nos entreteníamos con otros parientes, si no fuera por Ivana que me insistía tanto, ella gozaba con los tíos y su jardín, sobre todo cuando Elvirita le regalaba una flores amarillas que nunca supe de donde las cortaba, ellos siempre fueron muy cerrados, reservados, melancólicos, aunque no tristes, esa casa fue su castillo y su fortín desde que tengo memoria, el tío Martín tenia un pequeño taller donde reparaba electrodomésticos y realizaba bobinados de aparatos chicos, mientras Elvirita se dedicaba a la casa y la repostería para afuera, entre los dos ganaban para mantenerse y comprar el caserón que les costo casi una vida.
La casa tenía un living grande, la habitación de ellos con baño inmenso con paredes con mármoles oscuros y siempre con el perfume a lavanda que Elvirita colgaba en racimos atados con hilos de ramas, en el piso de arriba la habitación de Laura, mi prima, pobre, cerca de cumplir los quince murió de muerte súbita, nunca supe de qué se trata esa muerte, creo que toda muerte que no se explica se denomina de alguna forma. Nadie supera eso, los tíos, me contaba mamá, que cambiaron mucho y no quisieron tener más hijos, era comprensible.
Elvirita estaba más que enferma, cansada, la viejita había cumplido ochenta y cinco y Martín llegaba a los noventa, ambos le dedicaban todo el tiempo posible al jardín, era como una obsesión. La arboleda que también era muy variada tan grande que uno por ratos tenía la sensación de perderse entre las ligustrinas y los sauces,
había una fuente de agua y un aljibe mas al fondo que servían como punto de orientación para los extraviados, naranjos, mandarina, y cerezos a montones, además nogales, dos pinos grandes y uno mediano, los sectores floreados eran de cuento, rosas, jazmines y una variedad que mas adelante supe reconocer por su nombre.
El interior de la casa no tenia una decoración cargada ni se destacaba de otras salvo por una gran biblioteca que Martín supo alimentar de los mejores clásicos de la literatura y algunos ejemplares contemporáneos. Martín era elegante combinaba de forma refinada su ropa humilde, parecía sacado de una película inglesa, hablaba como en susurros un poco por la vejes y otro poco por la claridad al decir, sin necesidad de levantar la vos.
Elvirita estaba en cama desde el invierno pasado, nunca hablo de su enfermedad él decía que necesitaba descanso, que en un tiempo estaría en el jardín con él, sacando yuyos, poniendo cercos, regando y hablando con les flores.
En la capital vivíamos con Ivana y próximamente nacería nuestra hija Jorgelina, Ivana llevaba casi siete meses de embarazo,
por suerte la fabrica se encontraba en plena producción por un contrato que hicimos con los Alemanes, con eso tendríamos trabajo asegurado por diez años.
El veintitrés de diciembre recibo un llamado de Martín que me pedía por favor que viajara a la ciudad, debía hablar con migo lo antes posible, se lo escuchaba muy preocupado, seguramente Elvirita estaría empeorando,
Ivana estaba ya con dolores de parto pero me dijo que viaje el fin de semana, que no me preocupe ella.
El viernes a la madrugada prepare el coche y comencé el viaje de cuatro horas, viajando solo uno se pone reflexivo y los recuerdos lo invaden, recordé como jugábamos con Laura, ella siempre en el jardín con las plantas parecía que se comunicaba con ellas, esa niña tenia la bondad de las personas especiales, con el tiempo reconocí que estas personas parten temprano de la tierra, de manera que quedamos los complicados, los confundidos, los
que vivimos buscando los por que, mientras que laurita existía feliz en un mundo de belleza.
Recordé también las tortas que preparaba la tía mientras que el tío Martín nos hacia sus chistes o nos corría tapado con una frazada y una mascara deforme, las tardes siempre perfumadas con la mezcla de hiervas y flores, en primaveras eternas.

Recordé lo duro de la muerte de mi primita, era una criatura maravillosa, pensé que los tíos se mudarían de la casa, tan llena de recuerdos, pero de alguna forma convivieron con el dolor casi sin perder el humor, la tía luego de una etapa en que la familia pensaba que ella había enloquecido apareció recuperada. Convengamos que sus costumbres eran extrañas encerrados en ese espeso castillo sin hablar con nadie o lo que es peor, se decía que hablaban con las plantas, que les ponían nombres como si tuvieran emociones. El tío estaba intolerante con la gente, porque decía que la gente estaba intolerante, por eso no frecuentaba lugares públicos.



Luego de un rato puse la radio y el tiempo paso atropellado por los neumáticos, en un rato me encontraba en la puerta de la casa de los tíos.
Salió Martín amable como siempre pero con prisa, enseguida me arrebato del coche y sin dejarme saludar a Elvirita, me llevó directo al jardín, nos sentamos en las sillas de hierro, puso el mate que tenia preparado sobre la mesa de piedra y comenzó una confección que me enfriaba cada parte del cuerpo con su contenido.
Escuchá sobrino lo que te cuento quizás te cueste creer pero te juro que así fue, Laurita nos habló y nos habla actualmente, ojo no solo ella esta aquí, hay otros parientes y un viejo amigo y...
_Para tío, ¡Qué te pasa! ¿Que me decís?, Tranquilo a los muertos déjalos en paz, vos necesitas un medico.
-No sobrino escúchame aquí están ellos me hablan y yo los comprendo y los cuido, tranquilo vos sobrino no te asustes, sabes quienes están aquí también Mónica y Luis, tus padres.
- Se termino tío, esto se va de lógica y no me interesa mas, decíme para que me llamaste y terminemos con esto, tengo a mi mujer en la capital por dar a luz y vos con estas locuras.
- Sobrino escúchame por favor tenes que prometerme una cosa.
- Tío no me jodas más con disparates
- Para sobrino lo que te pido es que cuides el jardín allí están, y allí estaremos con tu tía, pero debes regar y cuidar el lugar cada planta es especial, cada planta es uno de ellos, si se secan mueren y se van, debes ayudarme cuando yo no pueda con el jardín y de eso no falta demasiado estaremos en tus manos.
- No tío no cuentes con migo, es un delirio de viejo senil, no me hagas perder el tiempo.
Subí al coche y sin dudarlo tome la salida más rápida a la ruta y partí a la capital preocupado por Ivana y enojado por las boludeses del tío.
Al llegar Ivana terminaba de dar a luz una niña maravillosa, ella por seguridad debía quedarse en la clínica tres días más hasta recuperarse del parto, me sentí un hombre tan feliz pude tener en mis manos esa magia movediza creación del amor, deje la clínica para acomodar el departamento para la vuelta de Ivana y la pequeña, cuando al atardecer una llamada de larga distancia me corta la alegría en dos, Elvirita y Martín mueren la misma noche que nacía Jorgelina, juntos y casi a la misma hora.
Viajé como rayo arreglé los papeles, en herencia con una carta del tío que ya sabia que podía decir, estaba la escritura de la casa a mi nombre.
Nacer morir todo es rápido la felicidad el dolor y el temporal de lluvia y viento que azoto la capital lo hizo durar semanas, a Ivana le quedaban solo tres días mas en la clínica porque continuaba débil.
Yo me la pase pensando en los viejitos, muertos la misma noche uno como esperando al otro para no partir solo, pense en el jardín, pero Jorgelina mi bebe cubría toda la felicidad, no podía parar de pensar en cuando crezca, en su estudio, si me acompañaría en la fabrica, tantos proyectos que uno piensa flotando en la nube del amor.
Ivana no mejoraba y yo comencé a asustarme la saque de la clínica la lleve a otros médicos, la veía débil y no lo podía creer, le pasaba algo, pero la vida como siempre pierde cuando se enfrenta a la muerte y al mes deja de latir su corazón como un reloj nuevo que falla, su muerte no tubo nombre, ni porque.
Pedí explicaciones a todo el mundo y a dios lo amenace con matarme y matar a mi hija recién nacida, todo es inútil cuando no hay más que resignarse, en poco tiempo perdí el contrato con los Alemanes por mi mal manejo y al tiempo la fábrica. Vendí todo lo que tenia y casi loco una tarde de invierno, partí con Jorgelina y un dolor agusanado en al alma, a la casa de los tíos el único lugar que tenia para vivir.
La casa estaba atestada de humedad y apilada de recuerdos agridulces, las paredes gastadas de tanto habitarlas los rincones llenos de anécdotas, de silencios, de vos baja o festejos con bailes de niños. Decoraciones tan pasadas de moda que sugerían alta modernidad me propuse reacondicionarla yo mismo hasta que consiguiera un trabajo, así que después de pintar las habitaciones, comencé con la biblioteca y yo que nunca fui de leer, encontré en la literatura un placer totalmente nuevo y una forma de disfrutar diferente, cuando termine con la casa seguí con el jardín, todo un desafío, estaba enredado y difícil, pero con mucha paciencia fui enderezando palos, removiendo tierra y resucitando viejas plantas casi secas, los recuerdos del tío, sus palabras, lo veía de a ratos recorriendo platines, regando delicadamente por las sombras, marcando canteros y susurrando a las hojas de sus preferidas y otras, más de una vez creí escuchar una vos.
Luego me di cuenta, que salvo cuando estaba con Jorgelina, el resto del día me la pasaba en el jardín, una tarde, luego de hacer una compras me distraje y ella se pierde entre los recovecos del jardín, me asustaba un poco que anduviera sola, así que me acerque y revolviendo enredaderas la descubrí, estaba en un rincón al lado de una planta de flores inmensas amarillas, lo extraño es que ella estaba ablando a la planta, me petrifique, no podía creer lo que veía y no me anime a interrumpir.
Jorgelina concurría a una escuela muy cerca de la casa, yo tenia una pequeña renta que nos había dejado los padres de Ivana, mas unas nota que escribía para el diario de la ciudad, con eso nos arreglábamos bien, y sin darme cuenta cada día con mi hija era una abertura llena de amor, la felicidad se mostraba pura y genuina, ambos disfrutábamos leer en las silla de hierro cerca de la fuente o en el alero del aljibe o bajo el parral, el jardín estaba mejor que nunca Jorgelina siempre se reía cuando me encontraba hablándole a una planta mientras la podaba y yo me hacia el distraído cuando ella llamaba al sauce con el nombre del tío, fue nuestra secreto.
Los años dulces se pasan, yo no volví a amar a otra mujer, Jorgelina esta cerca de cumplir el sueño de casare con un joven muy agradable y sano, Ami el tiempo me envejeció de manera tan cariñosa que no me puedo quejar, sé que es hora no son muchas las tardes que me puede regalar la vida, pero tengo mi lugar pegado a las flores amarillas y ya Jorgelina no me necesita tanto, solo le pido una cosa, que de a ratos nos hable, nos quite yuyos y no se olvide de regar.

EL ENANO DE MARMOL

No era tan importante que el enano de mármol del tío Miguel hablara, lo terrible era lo que decía. Sin descaro comentó como por arriba que no solo existía desde los comienzos de la vida sino que estuvo anteriormente en la tierra viviendo con otros seres muy diferentes a nosotros, que los dinosaurios no estuvieron en la historia como creemos sino que fueron alimento de seres sin huesos y que por eso mismo no hay detalles de su existencia, salvo misterios en el cielo como la esfinge en Marte y las bases en la luna para la conquista de la tierra, por eso los humanos mintieron sobre el alunizaje con esa película de bajo costo, los humanos lo ocultan y no les conviene a sus intereses.
El mármol del que estaba hecho se doblaba como goma, era un soberbio enano de jardín que deslumbraba a la familia con argumentos dignos de un loco, no de alguien de mármol negro imitación.
El tío Miguel es con quien vivo además de Luisa su segunda mujer y Alberto que es pariente de la primer mujer del tío, o sea alguien cercano a mi madre muerta en un accidente junto a mi padre, el maquinista del tren, más de cincuenta tripulantes y una mascota, perro. Una tarde de setiembre me pidió que limpiara el patio, yo de mala gana como se hacen las cosas aburridas a los catorce años. Entre botellas de los borrachines de Alberto y Luis, al costado de los cardales y cerca del pozo, apareció una pata negra del maldito susodicho. Debí haberlo tirado enseguida, me hubiera ahorrado disgustos y hasta la cárcel, pero no, lo saque, lo limpie y lo lleve adentro para que lo vieran.
Al rato el enano dirigía toda la conversación, daba consejos y se atrevía a organizar la vida de todos. Los dos viejos estaban encantados, Luisa desconfiaba de él pero, pobre mujer, demasiado tenía con los dos viejos.
No había mucho espacio en la casa así que fue a parar a mi pieza, húmeda y olorosa. Nunca le di cabida, ni charla, siempre desconfié de él, pero para cuando me di cuenta ya era tarde.
De noche se ponía a tomar vino con tío Miguel y Alberto mientras Luisa dormía. Los tres entraban en charlas oscuras donde dejaban notar sus sentimientos más débiles, sus deseos más vergonzosos y luego Miguel perdido por la borrachera se despedía y se acostaba en la habitación con Luisa. Quedaba el enano con Alberto que no parecía mal tipo pero al quedar solo con él parecía transformarse.
El enano le hablaba de Luisa, le contaba que ella lo miraba cuando él esta distraído y que siempre hacia comentarios halagándolo. Con Miguel tenían otros códigos, hablaban de la quiniela y de mujeres jóvenes, muy jóvenes. Aunque los viejos siempre fueron muy ordinarios y desgraciados empeoraron desde que desenterré al enano, se les notaba una mirada diferente, despiadada, fría.
Las noches se alargaban, las charlas terminaban de madrugada, ya no trabajaban. Vivían con lo que sacaban en la quiniela con los números que les dictaba el enano. Luisa se notaba silenciosa, triste, desolada, temerosa.
La tormenta se gestó lentamente, sin llamar la atención, con la calma que luego hace incomprensible lo ocurrido.
Las primeras semanas creí que él se entretenía con los viejos y luego a la cama y a dormir, pero descubrí que por las noches mientras yo dormía el enano repetía un diabólico discurso como un rezo en un idioma diferente. Me aterraba la voz fría que salía retumbando por su boca de mármol.
Comencé a darme cuenta que me costaba pensar con claridad, no retenía los recuerdos, ni los hechos cotidianos, me olvidaba de mis quehaceres y sentía rencor o furia de otros tiempos. Durante esos días me la pasaba irritado, de mal humor, no dormía bien, por las noches me quedaba escuchando las conversaciones cada vez más desgraciadas y sucias. Comencé a temer por Luisa y también por mí.
Ese jueves negro, como lo llamo la policía, por la tarde el enano estaba inspirado, llevaba varios días medio borracho, ya en el almuerzo estaba verborragico y para la tarde perdidamente ebrio y charlatán, hablaba de espíritus, de gente muerta, de prostitutas y castillos donde en otros tiempos él vivió. Los viejos estaban en su salsa, habían cobrado la quiniela y se disponían a hacer un asado para el crepúsculo, estaban endemoniados por el alcohol, hechizados y sus miradas de vicio provocaban temor. En un momento percibí que hablaban bajo como pergeñando algo, enseguida me di cuenta de que su apetito era el sexo de Luisa, los tres en complot se acercarían y abusarían de ella uno por uno. Yo estaba aterrorizado, era joven pero sabía lo que esos tipos podían hacer, corrí a la cocina , tome la cuchilla choricera que quemaba de filo y desaté una combinación de miedo, ira y odio, que dio por resultado cortes, puñaladas, forcejeo y un despliegue de sangre como tintas en un cuadro de pintor moderno .
No encontré las palabras para defenderme y Luisa por miedo al enano, mintió. La policía que nunca entiende me devolvió al correccional como si fuese un delincuente.
Aquí todos me tienen respeto, sobre todo cuando me ven conversado con el enano en el pabellón.